VERDE QUE TE QUIERO VERDE

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Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
(…)
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana (…)

Verde que te quiero verde.
(…)
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde (…)

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
(…) cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda.

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.

FEDERICO GARCÍA LORCA

El español en China

La televisión estatal china lanza un concurso nacional de “hablar en español”

La Televisión Central de China (CCTV) lanza un concurso nacional sobre “hablar en español” para fomentar el aprendizaje del español.

El concurso cuenta con la participación del Instituto Cervantes, en cuyo centro cultural de Shanghái se ha grabado ya el primero de los programas.

Fuente: http://www.practicaespanol.com/es/television-estatal-china-lanza-concurso-nacional-hablar-espanol/art/7480/

Practicamos los Imperativos (Nivel A2)

Cómo elaborar una Paella de marisco. 😉

escuela montalban

RECETA

 Ingredientes:
  • 3 tazones de arroz
  • 6 langostinos
  • 6 cigalas
  • ½ kg. de mejillones
  • ½ kg. de gambas
  • ¼ kg. de calamares
  • 1¼ litro de caldo de pescado
  • la mitad de un pimiento rojo en tiras
  • la mitad de un pimiento verde en trocitos
  • un trocito de cebolla picada
  • azafrán
  • 6 cucharadas de aceite
  • guisantes cocidos (opcional)
  • 1½ limón
  • sal
Preparación:
Pon en la paellera el aceite y sofríe la cebolla con los pimientos.
Cuando estén blandos, vierte encima el arroz y sigue rehogando unos 2 minutos.
A continuación echa los calamares y los mejillones, sigue rehogando hasta que se abran los moluscos, pon el fuego fuerte y vierte el caldo.
Agrega el azafrán o colorante, la sal con moderación y revuelve todo.
Déjalo cocer durante 10 minutos, sin volver a remover.
Pasado éste tiempo, incorpora el resto del marisco, adornándolo al mismo tiempo y lo dejas cocer otros 10  más a fuego suave.
A los 5 últimos minutos y con cuidado, da la vuelta a las gambas y cigalas para que estén bien cocidas por las dos caras.
Finalizado los 20 minutos de cocción, es el momento para esparcir, si es tu gusto unos  guisantes cocidos.
Apaga el fuego y tápala con un paño y que repose otros 5 minutos más.
Corta el limón en cuartos y colócalas encima de la paella.
 

Practicamos pasados

Un cuento de una alumna basado en este video:

http://youtu.be/6ESh567AsZU

Érase una vez un tiburón que vivía en el mar en un sitio que ningún ser humano jamás había visto hasta el momento. El tiburón, que se llamaba Dientecito, tenía una mujer muy guapa, que por supuesto también era un tiburón, con los dientes más preciosos que nunca se habían visto. También tenían muchos hijos y , que ya así vivían felices en este lugar tan lejos de la humanidad.

A la mujer de Dientecito le gustaban sobre todo los peces que brillaban en la luz, incluso los que el tiburón sabio, que ya había estado en todos los mares del mundo, avisaba de que eran una invención de los seres humanos llamada plástico y que se podían morir. Y de verdad, un día justamente después de haber comido otro de esos peces brillantes, la mujer de Dientecito murió.

Cuando los peces médicos la examinaron para saber la causa de la muerte, encontraron su estómago lleno de plástico. Y ella no fue la única, otros muchos tiburones murieron también.

Dientecito no podía creer que su preciosa mujer había muerto por una razón tan increíble y no dejó de llorar; lloraba de noche y de día sin parar, día tras día, semana tras semana y mes tras mes. Y de repente, exactamente un año después de la muerte de la mujer de Dientecito, los peces de plástico dejaron de aparecer. Los tiburones se asombraron y buscaron la razón de este giro favorable. El tiburón sabio tenía la respuesta: obviamente, Dientecito había llorado tanto que la salinidad en el mar había cambiado. Esto había causado que el plástico se hubiera descompuesto antes de llegar al lugar donde vivían los tiburones. Por eso, los tiburones tomaron una decisión: cada vez que uno de ellos llorara, guardarían las lágrimas solo por si acaso un día volvieran los peces de plástico. Y así vivieron felices y los peces nunca más volvieron.